La primera vez que probé a convertir las tareas de casa en puntos para que mi hijo ganara minutos de tele, funcionó, y, sinceramente, me sorprendió. Pero a todas las apps que probé les faltaba algo: el idioma adecuado, un precio razonable, privacidad o las funciones que yo quería.
Los niños no pidieron una app, el que necesitaba una herramienta era yo. Así que hice la que yo mismo querría usar cada mañana: sin anuncios, sin trampa de suscripción y sin recoger datos sobre los niños. Ahora es el ritmo diario de nuestra familia.






